“Santa Llúcia es mi vitamina,
aquí estoy mejor que en casa”. Cuenta Carme mientras empieza a poner las decoraciones
y a preparar el muérdago para sus clientes. Carme lleva 76 Navidades montando
su parada en la feria de Santa Llúcia. Empezó con su padre, un pintor del
barrio de Horta, el año después de la Guerra Civil, cuando la feria aún no tenía
paradas; lo vendían todo al aire libre, encima de sacos. Carmen y su padre se dedicaban
a hacer decoraciones navideñas para ganar dinero extra durante las Fiestas. Remarca
que ahora, la feria, está llena de cachivaches electrónicos, pero antaño todas
las tiendas eran de artesanía, como la que aún sigue elaborando ella.
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